Copias impresas disponibles en AME
Refutando la Evolución
Un manual para estudiantes, padres y profesores que responde a los últimos argumentos
en favor de la evolución
por Jonathan Sarfati, Ph.D., F.M.
Capítulo 7: Astronomía
Puede resultar sorprendente encontrar en un libro sobre la evolución una
gran cantidad de material relacionado con la astronomía. Pero la evolución
no se limita a explicar cómo ciertas criaturas simiescas se convirtieron
en seres humanos. La evolución es una filosofía de tratar de explicarlo
todo, sin Dios. Por lo tanto, debe aplicarse también al origen del Universo
y del Sistema Solar. Así pues, el libro Enseñando la Evolución
y la Naturaleza de la Ciencia presenta el punto de vista evolucionista
imperante sobre los orígenes astronómicos. Al mismo tiempo, Enseñando
la Evolución espera frenar la oposición a la evolución
comparándola engañosamente con la oposición al heliocentrismo
(un Sistema Solar centrado en un Sol). En este capítulo se analiza críticamente
de ideas evolucionistas sobre el universo y el Sistema Solar, así como la
controversia en la que se vio envuelto Galileo.
La teoría del “Big Bang”
Enseñando la evolución, en la página 52, dice:
El origen del universo sigue siendo uno de los más grandes enigmas de la
ciencia. Según la teoría del Big Bang el origen del universo se sitúa
entre hace 10.000 y 20.000 millones de años, cuando el universo empezó
en un estado denso y caliente, según esta teoría, el universo se ha
ido expandiendo desde entonces.
Al inicio de la historia del universo, la materia, principalmente átomos
ligeros de hidrógeno y helio, se agruparon entre sí a causa
de la atracción gravitatoria para formar innumerables billones de estrellas.
La mayor parte de la masa visible del universo está formada por miles de
millones de galaxias, cada una de las cuales es un grupo unido gravitacionalmente
de miles de millones de estrellas.
Las estrellas producen energía a partir de reacciones nucleares, principalmente
la fusión de hidrógeno en helio. Estos y otros procesos han dado lugar
a la formación de los demás elementos.
En primer lugar hay que destacar que, incluso desde su perspectiva, los autores
admiten que el universo tuvo un comienzo. Si a esto aplicamos el
principio de causalidad, “todo lo que tiene un principio tiene una causa”,
se infiere lógicamente que el universo tiene una causa1.
Muchos cristianos apoyan la teoría del Big Bang porque implica que el universo
tuvo un inicio. Sin embargo, otros cristianos, sobre la base de la enseñanza
de la Biblia, rechazan el Big Bang.
El Big Bang enseña que el Sol y muchas otras estrellas se formaron antes
que la Tierra, mientras que el libro del Génesis enseña que se crearon
en el cuarto día después de la Tierra, y hace tan sólo
unos 6.000 años en lugar de entre 10.000-20.000 millones de años.
El Big Bang también implica que antes del pecado de Adán
hubo millones de años de muerte, enfermedad y dolor, lo que contradice la
clara enseñanza de la Escritura, y es por lo tanto, inaceptable para los
cristianos bíblicos. Además, la teoría del Big Bang tiene muchos
problemas científicos como se explica en la siguiente sección, y un
buen número de astrónomos no creyentes la rechaza.
Problemas científicos
La cita anterior de Enseñado la Evolución pasa, de manera
simplista, del Big Bang a la formación de galaxias y estrellas, pero las
cosas no son tan simples. El Dr. James Trefil, profesor de física
en la Universidad George Mason, Virginia, aunque acepta el modelo de Big Bang, admite
que hay problemas fundamentales:
No debería haber ninguna galaxia en absoluto, y si hubiera galaxias, no deberían
agruparse de la forma en que están agrupadas.
Luego añade:
Explicar la existencia de las galaxias se ha convertido en uno de los problemas
más espinosos de la cosmología. Todo indica que no deberían
estar allí, pero ahí están. Es difícil expresar la gran
frustración que provoca este simple hecho, entre los científicos2.
El cosmólogo creacionista, Dr. John Rankin, también
demostró matemáticamente en su tesis doctoral que las galaxias no
pudieron formarse a partir del Big Bang3.
La formación de estrellas después de la supuesta gran explosión
representa también un gran problema. El astrónomo creacionista, Dr. Danny Faulkner, señala:
Las estrellas supuestamente se condensaron a partir de inmensas nubes de gas, y
se sabe desde hace mucho tiempo que las nubes no se colapsan espontáneamente
formando estrellas, porque necesitan ser empujadas de alguna manera para iniciar
el proceso. Se han avanzado varias sugerencias como posibles causas iniciadoras
del proceso, pero casi todas requieren la presencia previa de estrellas (por ejemplo,
una onda de choque causada por la explosión de una estrella que provocara
la compresión de una nube de gas cercana). Este es el viejo problema del
huevo y la gallina, porque no se puede explicar el origen de las estrellas necesarias
para empezar el proceso4.
Otro problema es cómo enfriar una nube de gas lo suficiente como para que
se derrumbe. Esto requeriría que las moléculas liberaran calor mediante
irradiación. Pero tal y como el libro Enseñando la Evolución
señala en la cita anterior, el Big Bang produciría principalmente
Hidrógeno y Helio, no aptos para hacer moléculas que no sean H2, estas moléculas se destruirían rápidamente en presencia de
la luz ultravioleta, y además por regla general se requiere que existan granos
de polvo para su formación y los granos de polvo requieren elementos más
pesados. Los elementos más pesados, de acuerdo con la teoría, requieren
la existencia previa de estrellas. Una vez más, el problema del huevo y la
gallina; se necesitan estrellas para producir estrellas.
Abraham Loeb del Centro Harvard para la Astrofísica dice:
“La verdad es que no entendemos la formación de estrellas en un nivel fundamental5.”
Suposiciones
En realidad el Big Bang se basa en un supuesto no científico llamado
principio cosmológico, que establece que la percepción del
universo que tiene un observador no depende ni de la dirección en la que
observa, ni de su ubicación. Es decir, que la Tierra no es en absoluto especial.
Sin embargo, hay alternativas al Big Bang que rechazan esta suposición y
que concuerdan con la Teoría General de la Relatividad de Einsten. El libro
Starlight and Time6 (Luz Estelar y Tiempo), escrito por el físico
Dr. Russell Humphreys, plantea que según la teoría general de la relatividad
(RG), la gravedad distorsiona el tiempo. El profesor John Hartnett, un físico
de la Universidad Western Australia, ha extendido el modelo pionero del Dr. Humphreys
usando la métrica espacio-tiempo-velocidad del físico israelí
profesor Moshe Carmeli. En estudios científicos publicados en diversas publicaciones
de astrofísica, Hartnett ha aplicado esta nueva física para describir
con precisión las curvas de rotación de las galaxias y la expansión
cósmica, y eliminar los factores inciertos derivados de la materia y la energía
oscuras. En su libro Starlight, Time and the New Physics7 aplica
con éxito estos conceptos físicos a un universo centrado en nuestra
galaxia. Él justifica esta suposición galactocéntrica por la
evidencia observable de enormes “caparazones” de galaxias. Y al aplicar la física
Carmeliana con esta suposición, Hartnett muestra que la luz de estrellas
distantes puede haber viajado a la Tierra en una escala de tiempo bíblica
según la medida de los relojes de la Tierra.
El Sistema Solar
Enseñando la Evolución, en la página 52, dice:
El Sol, la Tierra y el resto del Sistema Solar, se formaron a partir de una nube
de polvo y de gas hace 4.500 millones de años.
Como de costumbre, los autores del libro se muestran dogmáticos acerca de
lo que sucedió, a pesar de que no hallarse presentes en ese momento. Sin
embargo, esta hipótesis nebular arrastra muchos problemas. Una autoridad en el tema lo resume así: «Las nubes son demasiado
calientes, demasiado magnéticas, y giran con demasiada rapidez8»
Uno de los principales problemas puede ilustrase considerando cómo los expertos
patinadores sobre hielo giran sobre sí mismos. Cuando un patinador
repliega los brazos, consigue girar más rápidamente. Este efecto se
debe a lo que en física se conoce como Ley de Conservación del Momento
Angular. Momento Angular = masa x velocidad x distancia desde el centro
de masa, y siempre permanece constante en un sistema aislado. Cuando los patinadores
repliegan los brazos, la distancia desde el centro disminuye, por lo que giran más
rápido de lo contrario el momento angular no permanecería constante.
En la supuesta formación de nuestro Sol a partir de una nebulosa en el espacio,
se produciría el mismo efecto al contraerse los gases hacia el centro del
Sol. Esto habría causado que el Sol girara a gran velocidad. En realidad,
nuestro Sol gira muy despacio. De hecho, aunque el Sol representa más del
99 % de la masa del sistema Solar, posee sólo el 2 por ciento
del momento angular. Esta proporción es diametralmente opuesta a lo que la
hipótesis nebular predice. Los evolucionistas han intentado resolver este
problema, pero el Dr. Stuart Ross Taylor, un conocido científico del sistema
Solar, ha dicho en un reciente libro, «El origen último del momento
angular del Sistema Solar sigue siendo oscuro9.»
Otro problema del que adolece la hipótesis nebular es la formación
de los planetas gaseosos. Según esta teoría, al concentrarse el gas
en los planetas, el Sol incipiente habría pasado por lo que se denomina la
fase T-Tauri. En esta fase, el Sol habría desprendido un intenso
viento solar, mucho más intenso que en la actualidad. Este
viento solar habría expulsado fuera del incipiente sistema solar el exceso
de gas y polvo, consecuentemente no quedarían suficientes gases ligeros para
formar Júpiter y los otros tres planetas gigantes gaseosos. Esto habría
resultado en que, estos cuatro planetas de gas serían más pequeños
de lo que se son hoy en día10.
La teoría también implica que el Sol aumenta su brillo con el tiempo,
y que cuando la vida presuntamente comenzó hace 3.800 millones de años
su luminosidad era 25% más débil de lo que es hoy en día. Pero
si fuera así, la mayor parte de la tierra se habría helado, y sin
embargo la mayoría de los geólogos creen que la Tierra era más
cálida que hoy11.
Heliocentrismo: ¿Ciencia contra Religión?
En línea con la literatura popular, el libro Enseñando la evolución
presenta una versión muy simplista de la controversia sobre Galileo, incluso
engañosa. Ciertamente no fue simplemente un enfrentamiento
entre la ciencia y la Iglesia (p. 27–30)12. Sin embargo, Enseñando
la Evolución, actúa correctamente y no promueve el bulo de
que la Biblia enseña que la Tierra es plana y que esta creencia estaba muy
extendida en la época medieval.
Isaías 40:22 se refiere al “círculo de la Tierra”, en la traducción
italiana, globo. El término hebreo es khûg
(חוּג) = esfericidad o redondez. Incluso si se prefiere
la traducción “círculo” debemos pensar en Neil Armstrong en el espacio;
para él, la Tierra esférica aparecería como circular, independientemente
de la dirección desde la cual la viera.
Además, la profecía de Jesús sobre de su segunda venida en
Lucas 17:34-36 implica que Él conocía la redondez de la Tierra, pues
afirma que diferentes grupos de personas en la Tierra experimentarán la noche,
la mañana, y el mediodía simultáneamente. Esto es posible porque
la Tierra es esférica y gira sobre su propio eje, lo cual permite que el
Sol brille en las diferentes zonas a horas distintas. Pero sería inconcebible
una profecía así si Jesús hubiera creído en una Tierra
plana.
La idea según la cual Colón tuvo que desmentir que la Tierra fuera
plana es un mito iniciado por Washington Irving en 1828 en su libro La vida y viajes
de Cristobal Colón. Él mismo admitió que su libro es
una mezcla de realidad con la ficción. El historiador J.B.
Russell ha documentado que prácticamente todos los estudiosos cristianos
que han tratado la cuestión de la forma de la Tierra han afirmado su esfericidad13.
Como muchos historiadores de la ciencia han observado, la primera oposición
a Galileo, vino de los estamentos científicos. La noción “científica”
que prevalecía en su época era la teoría aristotélica/ptolemaica
la cual establecía un rígido sistema geocéntrico,
es decir, con la Tierra en el centro del universo y los otros cuerpos celestes describiendo
órbitas de gran complejidad alrededor de ella. Como Arthur
Koestler escribió:
Sin embargo, existía un poderoso grupo de hombres, cuya hostilidad a Galileo
nunca cesó: los Aristotélicos de las Universidades…. La innovación
es una doble amenaza para los académicos mediocres: que pone en peligro su
autoridad profética, y evoca el profundo temor de que la totalidad de su
edificio tan laboriosamente construido pueda derrumbarse. Los sombríos académicos
han sido la maldición del genio… fue esta amenaza, y no el obispo
Dantiscus o el Papa Pablo III, la que había confinado a Canon Koppernigk [es
decir, Copérnico]… al silencio.
El primer ataque serio por motivos religiosos no vino de los estamentos clericales,
sino de un seglar; nada menos que delle Colombe, el líder de la liga (ardientemente)
Aristotélica…
La naturaleza terrestre de la Luna, la existencia de manchas solares implicaba el
abandono de la doctrina aristotélica (¡pagana!) sobre la naturaleza
inmutable y perfecta de las esferas celestes14.
En cambio, en un primer momento la Iglesia estaba abierta a los descubrimientos
de Galileo. Los astrónomos de la Orden de los Jesuitas, “la vanguardia intelectual
de la Iglesia Católica”, contribuyeron a mejorar los descubrimientos de Galileo.
Apenas 50 años más tarde, ya estaba enseñando esta teoría
en China. También ampararon a Johannes Kepler, el cual descubrió que
los planetas se mueven en elipses alrededor del Sol. Incluso el Papa Pablo V, recibió
a Galileo en una cordial audiencia.
El principal teólogo católico romano de aquellos días, el Cardenal
Roberto Belarmino dijo que es “excelente y de buen sentido” afirmar
que el modelo de Galileo es matemáticamente más simple. Y dijo:
Si hubiera una verdadera prueba de que el Sol está en el centro del universo,
que la Tierra ocupa la tercera esfera, y que el Sol no gira alrededor de la Tierra,
sino que la Tierra gira alrededor del Sol, entonces tendríamos que proceder
con gran cuidado en la explicación de los pasajes de la Escritura que parecen
enseñar lo contrario, y más bien tendríamos que decir que no
los entendimos correctamente en lugar de declarar falsa una opinión que ha
demostrado ser cierta. Pero no creo que exista tal prueba pues nadie me la ha mostrado15.
Esto demuestra que estaba permitido afirmar que la hipótesis del sistema
heliocéntrico (el Sol en el centro) era superior a la hipótesis geocéntrica.
Además, el principal teólogo estaba dispuesto a cambiar su comprensión
de la Escritura, si se probaba la validez del sistema, es decir, estaba dispuesto
a corregir su mala comprensión de que la Escritura enseña el modelo
astronómico ptolemaico. El malentendido surgió porque no se daban
cuenta de que los pasajes bíblicos deben entenderse en términos
de lo que el autor está tratando de transmitir. Como se muestra
a continuación, los pasajes referentes a la salida y puesta del Sol (por
ejemplo, Eclesiastés 1:5) no pretenden enseñar un modelo astronómico
como el ptolemaico. En lugar de ello, son una descripción de los sucesos
en términos comprensibles, sin dejar de ser científicamente
válidos, términos que seguimos usando hoy en día,
de forma que todo el mundo entiende lo que significan.
Otro problema era que algunos de los miembros del clero apoyaban el sistema ptolemaico
utilizando versículos del libro de los Salmos. Pero los
Salmos son literatura poética, y no histórica, como el libro del Génesis16. Y lo tanto, no fueron escritos para que sirvieran como base de un modelo cosmológico.
Esto puede observarse analizando el contexto del Salmo 93:1: “Afirmó también
el mundo, y no se moverá”.
Debemos entender las palabras tal como las utilizaban los autores bíblicos.
Leamos el siguiente versículo, “Firme es tu trono desde entonces; ”, donde
la misma palabra hebrea se traduce kon “firme” (es decir, estable, seguro,
duradero, y no necesariamente inmóvil o estático).
Además, la misma palabra hebrea para “mover” (môt))
se usa en el Salmo 16:8, “no seré conmovido.” Ciertamente, ni siquiera los
más escépticos acusaran a la Biblia de enseñar que el salmista
¡está clavado en el suelo! El escritor quería decir que él
no se extraviaría del camino que Dios había establecido para él.
Por lo tanto “el mundo no se moverá” también puede significar que
no se saldrá de la órbita y rotación que Dios le ha establecido.
Para que haya vida en la Tierra se requiere que su órbita permanezca siempre
a una distancia determinada del Sol de modo que exista agua en estado líquido.
Al mismo tiempo es necesario que el eje de rotación de la Tierra forme con
la con la elíptica (el plano orbital) un ángulo preciso que permita
que las diferencias de temperatura no sean demasiado extremas.
Desde un punto de vista científico, Belarmine tenía razón al
insistir en que el peso de la prueba recae sobre quienes proponen un nuevo sistema.
Ciertamente, el sistema heliocéntrico era más elegante, que es lo
que atrajo a Galileo y Kepler, y el sistema geocéntrico era muy rígido.
Pero esto no equivale a una prueba. De hecho, algunas de las “pruebas” de Galileo,
por ejemplo, su teoría de las mareas, eran erróneas17.
¿Refutó Galileo a la Biblia?
Galileo se sorprendería ante tal insinuación porque él reconocía
la autoridad de la Biblia más fervientemente que muchos líderes cristianos
de hoy. Es irónico que los cuatro héroes del heliocentrismo mencionados
por el libro Enseñando la Evolución (Copérnico, Galileo,
Kepler y Newton) eran todos creacionistas ¡que creían en una Tierra
joven! Pero, por supuesto, Enseñando la Evolución oculta
a sus lectores este hecho.
Galileo y sus opositores se habrían evitado muchas discusiones si hubieran
tenido en cuenta que todos los movimientos deben ser descritos con respecto a un
marco de referencia. Imagínese que usted viaja en un automóvil
a 60 millas por hora. ¿Qué significa eso? Significa que tanto usted
como el coche se mueven a 60 millas por hora respecto al suelo. Sin embargo,
respecto al automóvil, usted no se mueve (por eso usted puede leer
el marcador de velocidad, y hablar con los otros pasajeros). Ahora imagínese
un choque frontal contra otro vehículo que circulara a 60 millas por hora
en sentido opuesto. Por lo que a usted le concierne, sería como si estuviera
parado y fuera atropellado por coche que se moviera a 120 millas por hora, por ese
motivo las colisiones frontales son las peores. Estrellarse contra un vehículo
inmóvil no es tan dañino. Y colisionar contra un vehículo circulando
de frente a 50 millas por hora sería como chocar con un coche estacionado,
si se viaja a sólo 10 millas por hora. En física, uno es libre
de elegir el marco de referencia que considere más conveniente, y todos son
igualmente válidos.
Algunos escépticos han afirmado que los pasajes bíblicos como Eclesiastés
1:5, que dicen que el Sol sale y se pone, son erróneos. Pero para entender
correctamente las descripciones bíblicas del movimiento debemos primero determinar
el marco de referencia usado. Debería ser obvio que la Biblia usa la Tierra
como un marco de referencia, tal y como hacemos hoy en día frecuentemente.
Así pues las acusaciones los escépticos son absurdas porque los astrónomos
modernos también se refieren a “la puesta de sol” y “la salida del sol” sin
que nadie les acuse de cometen ningún error. Y cuando los conductores ver
una señal de limitación de la velocidad a 60 millas por hora, saben
perfectamente que significa 60 millas por hora en relación con el suelo,
¡no en relación con el Sol! En este sentido la Biblia es más
científica que sus críticos modernos. Y aunque el Salmo 93:1, antes
citado, no enseña sobre cosmología, en realidad es científicamente
exacto: la Tierra no puede moverse en relación con la Tierra.
Referencias y notas
- J.D. Sarfati,
Si Dios creó el universo, Entonces ¿Quién creó a Dios?
Journal of Creation 12(1)20–22, 1998.
Regresar al texto.
- J. Trefil, El Lado Oscuro del Universo (Nueva York: Macmillan
Publishing Company, 1988), p. 3 y 55; véase también W. Gitt, ¿Qué
pasa con el Big Bang? Regresar al texto.
- J. Rankin, Formación protogaláctica de inhomogeneidades
en modelos cosmológicos, Tesis Doctoral, Universidad de Adelaida, Mayo /
Junio de 1977. Regresar al texto.
- ‘Él hizo también las estrellas …’
entrevista con el astrónomo crecionista Danny Faulkner, Creación 19(4):42–44,, Septiembre-Noviembre de 1997. Regresar al texto.
- Citado por Marcus Chown, Que se haga la luz, New Scientist
157 (2120) :26-30, (7 de Febrero de 1998). Véase también Las Estrellas
no pudieron haberse originado en el Big Bang, columna
lateral, Creación 20(3):42–43, Junio-Agosto
de 1998. Regresar al texto.
- Russell Humphreys, La Luz Estelar y el Tiempo (Green Forest,
AR: Master Books, Inc., 1994). Regresar al texto.
- John Hartnett, Starlight, Time and the New Physics (Australia: Creation
Book Publishers, 2007). Regresar al texto.
- SF Dermott, editor, El Origen del Sistema Solar, El Origen
del Sistema Solar, por el Sr. H. Reeves (Nueva York: John Wiley & Sons, 1978),
p. 9. Regresar al texto.
- AR Taylor, Evolución del Sistema Solar: una Nueva Perspectiva
(Nueva York: Cambridge University Press, 1992), p. 53 Regresar al
texto.
- Spencer W., Revelaciones en el Sistema Solar, Creación 19(3):26–29, Junio-Agosto de 1997. Regresar al texto.
- D. Faulkner, ‘The young faint sun paradox and the age
of the solar system’, Journal of Creation 15(2):3–4,
2001. Regresar al texto.
- R. Grigg, El Asunto Galileo, Creación 19 (4) :30-32, Septiembre-Noviembre
de 1997. T. Schirrmacher, ‘The Galileo Affair: history or heroic hagiography’,
Journal of Creation 14(1):91–100, 2000.
Regresar al texto.
- Jeffrey Burton Russell, La Invención de la Tierra
Plana: Colón y los historiadores modernos (Praeger, 1991). Prof. Russell
tan sólo consiguió encontrar cinco dudosos escritores durante
los primeros 1500 años de la era cristiana que negaran que la Tierra fuera
un globo. Pero sí documenta que un gran número de escritores,
entre ellos Tomas de Aquino, que afirmaban la esfericidad de la Tierra. Véase
también Creación 14(4):21; Creación 16(2) :48–49. Regresar
al texto.
- A. Koestler, El Sleepwalkers: Una historia de la cambiante
visión que el hombre tiene del Universo (Londres: Hutchinson, 1959), p. 427.
Regresar al texto.
- Koestler, Ref. 13, pp. 447–448.
Regresar al texto.
- RM Grigg, en “Deberíamos interpretar Génesis
literalmente?” trata de los Principios de interpretación bíblica,
contrastando claramente el libro histórico del Génesis con el libro
poético de los Salmos Creación 16(1) :38-41, Diciembre 1993-Febrero de 1994;
Regresar al texto.
- Ni la Escritura ni la ciencia apoyan el geocentrismo dogmático
o el antiheliocentrismo (en el sentido clásico de tomar la Tierra como marco
de referencia absoluto ) , tal y como ha demostrado el astrónomo Dr Danny
Faulkner, ‘Geocentrismo y creación’, Journal of Creation
15(2):110–121;106, 2001. Regresar al texto.
| Where are you while reading this article? In the privacy of your own home? The internet, and this site in particular, can be a powerful tool for reaching those who would never go to church. Keep the penetration going by supporting this outreach.  | | |
|