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First published:
Creation
24(4):51–53
septiembre 2002

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La guerra de los cráneos

El reciente hallazgo de un cráneo en África hizo a muchos pensar que éste, de alguna manera ‘prueba la evolución’. Los hechos están lejos de ser emocionantes para los creyentes del ‘debe ser’ de la evolución.

por Carl Wieland

Traducción: por Carlos Fray

‘Un cráneo de un millón de años de antigüedad encontrado en Etiopía, confirma la teoría de que el hombre moderno evolucionó de una singular especie pre-humana que se desarrollo en África y migró hacia el resto del mundo … ’.1

Esa fue la introducción de un artículo en CNN Internet acerca del (entonces) más reciente, y supuesto simio-hombre encontrado. Se trataba del cráneo del tan nombrado Homo erectus, detalles del cual fueron publicados en Nature2 y anunciados a través de todo el mundo. El promedio de los lectores de la introducción en la Red pudieron pensar que este espécimen había confirmado de alguna manera que la gente evolucionó de ancestros sub-humanos. Pero aún los evolucionistas al leer esto tendrían que estar de acuerdo que ese no era el punto del que se trataba.

Los autores del artículo, y los investigadores citados, comenzaron sus pensamientos, y todas sus interpretaciones de los hechos, desde un marco en el que uno previamente cree que el hombre evolucionó. Después de todo, si no lo hicieran así, entonces la única alternativa sería aceptar la creación especial, la cual está invariablemente (e inapropiadamente) excluida de antemano.3

El pensamiento del marco evolucionista generalmente aceptado ha estado unido al punto de vista de que Homo erectus es una especie sub-humana, esto es, un intermediario en la evolución entre los humanos de hoy, y los anteriores, aún menos humanos, presuntos ancestros similares a simios.

Los creacionistas han declarado generalmente que no hay nada en los especimenes del H. erectus fuera del rango de variaciones humanas.4 Esto parece confirmarse por la evidencia de sus artefactos y, por tanto, su comportamiento. Esto es, ellos parecen haber sido sólo otro tipo de humanos, resultado de la explotación de la diversificación genética después de Babel. Un conjunto de genes formado por los casamientos previos entre las familias se desintegró rápidamente en unidades aisladas.

No hace mucho tiempo, la portada de Time presentó un dibujo de un Homo erectus macho. Si en esa foto, ese individuo estuviera portando un sombrero, ocultando su frente retraída y prominentes cejas (características que no son, de manera aislada, desconocidas entre las poblaciones de la actualidad), ni siquiera se justificaría una segunda vista. En su interior, la revista también mostraba un erectus sin ropa, de cuerpo completo. Era claro que debajo de la cabeza, él era idéntico a un moderno y alto atleta Olímpico. La imagen no podía haber estado más lejos de las fantasiosas ilustraciones previas del hombre simio agachado.

Así que, ¿por qué tanto escándalo? ¿No debería ser un caso de ‘Bah, tan sólo se ha encontrado otro cráneo de un Homo erectus’? La respuesta es que todo se trata de debates entre evolucionistas, que argumentan sobre diferentes ideas de cómo evolucionaron los humanos, y no si evolucionaron.

La situación es esta. Hasta mediados de los 1980’s la mayoría de los evolucionistas creían que los cráneos de erectus encontrados en lugares como Asia y Europa, habían emergido de una población original de erectus que había surgido en Africa. Entonces, después, otros empezaron a decir que los cráneos en África eran un poco diferentes, y representaban una especie separada, que llamaron Homo ergaster, que se cree evolucionó a erectus.

Este reciente descubrimiento ha sido realizado en África, y el cráneo fue ‘datado’ (usando las suposiciones evolucionistas usuales) en un millón de años. Es un cráneo clásico de erectus, que parece confirmar el punto de vista anterior. Esto ha causado que la gente revalore todo el asunto del ergaster, y mucha gente ahora dice que el ergaster nunca existió. Esto es, señalan que las diferencias entre ergaster y erectus fueron, desde el principio, muy pequeñas como para nombrarlas especies diferentes. Tan sólo eran una parte del rango de variación en un grupo.

En otras palabras, a lo que alguna vez tomaron ergaster, erectus y sapiens como tres especies diferentes de Homo5, ahora quedaron reducidas a erectus y sapiens. El líder del estudio, Dr Tim White, co-director del Laboratorio para Estudios Evolucionistas Humanos (Laboratory for Human Evolutionary Studies) en la Universidad de California, Berkeley, señala la extensa aparición de lo que es conocido como división taxonómica: ‘Ha habido una tendencia reciente a dar un nombre diferente a cada fósil que sale de la tierra, y que ha guiado a lo que creemos que es la representación perdida de la biología de la evolución humana’.1

Otros evolucionistas no están convencidos de que H. ergaster y H. erectus, son la misma especie, a pesar de la evidencia que confirma las fuertes coincidencias anatómicas de los rasgos. Sin embargo, ésto sólo enfatiza cómo todos los asuntos que involucran la clasificación de huesos fósiles son, por su propia naturaleza, muy subjetivos. No es irrazonable en lo absoluto, para los creacionistas a la luz de esa subjetividad, el mantener que realmente sólo debería haber una especie Homo reconocida, llamada Homo sapiens.

Esto es de hecho consistente con lo que ciertos paleo antropólogos evolucionistas, el más notable Milford Wolpoff de la universidad de Michigan, han estado diciendo por algún tiempo. Ellos creen que los individuos, de quienes sus huesos han sido clasificados como erectus, fueron los ancestros evolucionarios de la gente moderna (como los fueron los Neandertales, en su modo de verlo). Pero ellos parecen creer que las similitudes son tales que todos los especimenes Homo erectus, junto con Homo neanderthalensis y otros, deberían ser llamados Homo sapiens—lo que significa, en una palabra, personas.6 Y recientemente, Wolpoff et al., mostró que los rasgos de varios cráneos humanos indicaron que debió haber Inter-crianza entre los modernos Homo sapiens y Neandertales, y aún Homo erectus—lo que los hace la misma especie biológica, por definición.7

Hay evidencia asociada con erectus de muchos atributos culturales humanos, incluyendo la cremación de sus muertos, el uso de ocre ceremonial, herramientas hechas de piedra, e incluso habilidades complejas de navegación y marina.8 Y como reportamos recientemente, Neandertales son actualmente conocidos por haber manufacturado un ‘super pegamento’ de alta tecnología.9 Así que, ahora podríamos regresar a una sola especie Homo. Una publicación reciente del creacionista John Woodmorappe concluye—en términos evolucionistas—del análisis de cierto número de características, que el Homo ergaster, Homo erectus, Homo heidelbergensis, y Homo neanderthalensis eran algo así como variaciones ‘raciales’ del hombre moderno, mientras que H. rudolfensis y H. habilis eran sólo tipos de australopitecines.10

Cuando todo el conjunto de genes fue roto súbitamente en Babel, diferentes grupos tomaron diferentes proporciones de ese conjunto de genes, dando origen a muchos grupos de personas, o las llamadas ‘razas’. Estos tienen diferencias superficiales fijas en la proporción y frecuencia de ciertos rasgos. P.e. algunos tienen más pigmento en la piel, y algunos menos. Estudios genéticos en descendientes vivientes de aquellos grupos, muestran que aquellos (nosotros), asombrosamente están muy relacionados, lo que no es de sorprenderse. En principio, todos tenemos el mismo pigmento para la piel, sólo que en diferente cantidad. Y todos los grupos de personas pueden casarse libremente con otros grupos de personas, dando como resultado una aproximación mayor a la riqueza genética que habría caracterizado a la familia de Noé. De hecho, hay una variación más amplia dentro de una ‘raza’ que entre diferentes ‘razas’, razón por la cual los biólogos consideran ‘raza’ como un concepto biológico sin sentido.11

De manera similar, el rango de variación en los rasgos óseos entre estos humanos pos-Babel, de los cuales algunos grupos han desaparecido (p.e. Neandertales), es fácilmente explicable con la misma base genética.

Así que, la próxima vez que vea cierto anuncio en el periódico sobre ‘el cráneo’ más reciente, recuerde que frecuentemente los reporteros de los que se trata, no tienen la más remota idea de lo que se está discutiendo. Además, están viendo e interpretando los hechos a través del ‘lente’ de un marco que asume la evolución humana, por lo que difícilmente puede ser usado para probar la evolución humana. Ya lo dijo alguien, ‘Los fósiles son volubles. Los huesos cantarán cualquier canción que quieras escuchar’.12

En cualquier caso, ni los investigadores ni los reporteros tendrán la oportunidad, voluntad, o iniciativa, de ver los mismos hechos a través del ‘lente’ de la historia real dada por medio de la Biblia.

Notas y referencias

  1. Fossil skull fuels debate over human, CNN.com, 21 de marzo 2002.
  2. Aswaf, B. et al, Remains of Homo erectus from Bouri, Middle Awash, Ethiopia, Nature 416(6878):317–320, 21 de marzo 2002.
  3. Ver Wieland, C., The rules of the game, Creation 11(1):47–50,1988.
  4. Por ejemplo, ver Woodmorappe, J., How different is the cranial-vault thickness of Homo erectus from modern man? CEN Tech. J. 14(1):10–13, 2000.
  5. La mayoría de los evolucionistas especialistas actualmente concuerdan en que probablemente H. habilis fue siempre un taxón fantasma, con una bolsa de fósiles que pertenecían tanto a H. erectus/ergaster, o al australopitecines, depositados dentro del ‘depósito de desechos taxonómicos’. Esto se muestra en nuestro video, The Image of God, a través de la entrevista con el paleo antropólogo inglés Dr Fred Spoor. Además, H. heidelbergensis ha sido llamado por algunos ‘Homo sapiens arcaico’, y los Neandertales han sido llamados ‘Homo sapiens neanderthalensis’.
  6. Thorne, A. y Wolfpoff, M., Conflict Over Human Origins, Search, 22(5):175, Julio – Agosto 1991; mismos autores, The Case Against Eve, New Scientist pp. 33–37, 22 de junio, 1991.
  7. Wolfpoff, M.H. et al, Modern human ancestry at the peripheries: a test of the replacement theory, Science 291(5502):293–297, 12 de enero 2001.
  8. Morwood, M.H. et at, Fission-track ages of stone tools and fossils on the east Indonesian island of Flores, Nature 392(6672):173–176, 12 de marzo 1998.
  9. Neandertal superglue, Creation 24(3):7, 2002
  10. Woodmorappe, J., The non-transitions in ‘human evolution’—on evolutionists’ terms, CEN Tech. J. 13(2):10–12, 1999
  11. Para mayor información ver Batten , D. (Ed.) The Creation Answers Book, CMI [El Libro de las Respuestas, Respuestas en Génesis], Queensland, Australia, capítulo 18 en ‘How did all different “races” arise? [¿Cómo surgieron todas las “razas”?]’, 1999.
  12. Shreeve, J., Argument over a woman, Discover 11(8):58, 1990.

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