El Cuento de las dos Pulgas
by Carl Wieland
Imagínese una colonia de pulgas viviendo dentro de un carro de motor, el
único hogar que jamás hayan conocido. Dos de ellas: llamémoslas
C y E, comienzan a investigar científicamente su mundo. Estudiando los procesos
que ocurren en el carro, descubren todas las leyes básicas de la química
y la física: movimiento, gravedad, electromagnetismo, termodinámica,
mecánica cuántica, y así sucesivamente.
Todo lo que han aprendido puede ser probado por experimentos repetibles, así
que eventualmente se ponen de acuerdo en cada conclusión. Finalmente, una
pulguita joven les hace la pregunta del millón: «Antes que prosigamos,
¿cómo se formó este carro?»
C: «Eso es obvio. Se construyó en algún momento
en el pasado por un diseñador inteligente.»
E: «¿Quéeee? Nunca te escuché hablar
así antes. Ah, ya sé, tú eres uno de esos estrafalarios religiosos
que creen en ese libro en la guantera, el manual, supuestamente escrito por el diseñador.
¿No sabes que nuestros mejores eruditos en Pulguebreo ahora concuerdan en
que es un montón de mitos escritos por pulgas pre-científicas nómadas
del desierto?»
C: «¿Entonces cómo te explicas la existencia
del carro sin un diseñador?»
E: «Por favor no me mal interpretes, tú puedes creer
en un fabricante si así lo deseas, pero tienes que darte cuenta de que no
le podemos enseñar eso a las pulgas jóvenes en las clases de ciencia.
Obviamente, los procesos científicos y leyes que hemos estado estudiando
están y han estado, lenta y gradualmente, construyendo este carro partiendo
de sustancias simples.»
C: «Debes ser consciente de algunas de las tremendas consecuencias
científicas al tener semejante idea.»
E: «Todas las ideas científicas tienen dificultades
por lo que estoy trabajando en ellas. Pero tengo una mente suficientemente abierta
para cambiar mis ideas acerca de cómo este carro evolucionó a medida
que obtenga resultados en investigaciones futuras.»
C: «¿Cambiarías tus ideas acerca de que si en
verdad evolucionó?»
E: «¿Cómo podría? La única alternativa
a la evolución de este carro es su creación, y esa sería una
idea religiosa, no científica. Significaría apoyarnos en un proceso
(creación) que ya no podemos observar, y en un hacedor que no podemos ver.
Me sorprende que un científico como tú sostengas ideas tan místicas.»
C: «En realidad, es la ciencia la que me ha ayudado a concluir
que debe haber un creador. Debes darte cuenta de que tú tampoco puedes llevar
acabo un experimento para comprobar tus ideas.»
E: «Ahora, eso es injusto. Tú sabes cuán despacio
se depositan las limaduras de hierro en la caja de cigüeñal, les tomaría
cientos de millones de años fundirse en un nuevo cigüeñal. Pero
al menos podemos ver que algo ocurre.»
C: «Parece que tu filosofía te impide siquiera considerar
la posibilidad de que verdaderamente hay un hacedor del carro. Si lo hubiera, ¿esperarías
poder estudiar los procesos (pasados) de hacer carros, o al hacedor? De hecho, yo
pienso que la idea de que hubo un hacedor es más válida científicamente
que la tuya.»
E: «¿A qué te refieres?»
C: «Bueno, las cosas que observamos que ocurren en el carro
encajan mejor con la idea de que alguna vez fue hecho y ahora se está desgastando.
¿Recuerdas esa segunda ley de la termodinámica
que descubrimos? Sobre todo, cada cosa en este carro se está desgastando,
agotando.
«Ninguno de los procesos científicos que hemos estudiado tiene la habilidad
para hacer este carro. Pienso que esta es una buena evidencia para la creación.
Y esta evidencia es consistente con el libro que dice ser el manual del fabricante,
así que es bastante sensato creer lo que dice.
«Otra evidencia importante para la creación es la organización
de los componentes de este carro — o sea, la relación entre sus partes.
Ves, una bobina no tiene la tendencia natural de alinearse con un distribuidor y
una bujía de tal forma que produzcan una chispa — cuando estas tres
partes trabajan juntas, todas están obedeciendo las leyes de la ciencia —
no hay procesos misteriosos funcionando.
«Aún así todo lo que sabemos sobre ellas nos lleva a la conclusión
de que debían tener ese orden, esa relación, ese propósito
si quieres (la pulga E se estremece en este punto impuesto con las ideas que le
han enseñado por tanto tiempo). Ésta es evidencia a favor de la creación.
Tú mismo reconoces la evidencia de la creación, por ejemplo si ves
una hermosa pintura, digamos un Van Pulgogh, la reconoces como el resultado de una
inteligencia creativa. Sabes esto porque conoces que los lienzos y los óleos
no tienen la tendencia natural de juntarse de esa manera. Reconoces la creación
aunque nunca hayas visto al creador, del pintor en acción.»
E: «Puedo ver el punto que estás diciendo, pero...
Me rehúso a creer que hay alguien allá afuera....»
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