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Creation  Volume 20Issue 4 Cover

Creation 20(4):10
September 1998

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Viviendo por 900 años

por Carl Wieland

Una nueva y fascinante información acerca de cómo y por qué envejecemos arroja nueva luz sobre los largos periodos de vida de la gente pre-diluviana.

En el libro de Génesis, la Biblia rutinariamente registra periodos de vida humanos enormemente diferentes a nuestra experiencia hoy día. Adán vivió 930 años; Noé aún más, hasta 950 años (ver gráfica). Estos largos periodos de vida no están distribuidos casualmente — son sistemáticamente mayores antes del diluvio de Noé y declinan considerablemente después de eso.

Estas grandes edades no son presentadas en la Biblia como algo extraordinario para esa época, mucho menos milagrosas.

Mucha gente está lista para burlarse de esas edades diciendo que son «biológicamente imposibles». Hoy, aún si evitan todas las enfermedades mortales, los humanos morirán de viejos antes de llegar a los 100. Incluso los casos excepcionales no pasan mucho de 120 años.

Sin embargo, una mirada a la evidencia relacionada con el envejecimiento sugiere que el aparente límite superior en el promedio de longevidad, no es algo «biológicamente inevitable» como tal — para humanos y otras criaturas multicelulares.

Las enfermedades, las dietas, el «ir y venir» y otros factores ambientales juegan, sin duda, un papel importante en cuánto tiempo vivimos. Sin embargo, ahora parece que por debajo de todo esto hay factores, de alguna manera escritos en nuestro código genético, que determinan cuál es nuestro «límite máximo». En realidad esto no es sorprendente, pues la mayoría conocemos familias que viven mucho tiempo -y viceversa, por supuesto.

Y, aunque un «límite máximo» parece estar «programado» en cada especie, experimentos de procreación han mostrado que este límite puede ser alterado, incluso dramáticamente. Experimentos con moscas de las frutas y lombrices han mostrado que una longevidad extra puede ser introducida y extraída de estas poblaciones. De manera que se puede tener dos poblaciones de la misma mosca, con un grupo viviendo mucho más tiempo que las otras, en promedio. Incluso un «interruptor» genético involucrado con la longevidad ha sido identificado en una especie de gusanos.

¿Por qué nos desgastamos?

¿Por qué ocurre que todas las criaturas multicelulares (como las personas) eventualmente se desgastan y mueren? No es suficiente con decir que simplemente son leyes físicas las que dictan que todas las estructuras organizadas eventualmente se desgastan. Esto es cierto, pero la maquinaria biológica ha construido «inteligencia» (programada en el ADN) que le da la habilidad para repararse a sí misma.

Es por eso que criaturas unicelulares como la bacteria no mueren por envejecimiento -sólo se dividen en dos nuevas copias, que a su vez se dividen en otras, y así sucesivamente. Seres como nosotros tienen órganos (p.e., hígado, riñones, etc.) que están hechos de muchas células individuales. ¿Por qué estas células no se dividen, se reparan y renuevan el órgano para siempre? Si esto ocurriera, con las células desgastadas siendo reemplazadas por otra nuevas, ninguna de sus ‘partes’ se desgastaría. Lo que significaría que usted nunca se desgastaría. Tal vez pueda morir porque un árbol le caiga encima o por una enfermedad, pero nunca moriría por envejecimiento.

Claro está, esto no es así. Nuestros órganos individuales se desgastan. Las células en ellos se pueden multiplicar por un tiempo pero no para siempre. Después de un determinado número de veces simplemente paran de dividirse. Se sabe que una célula humana normal solo se dividirá entre 80 y 90 veces, no más.

Parece que hay, en los extremos de cada cromosoma nuestro, una estructura llamada telomero. Piense en ello como un cronómetro, con un número de cuentas al final. Cada vez que la célula se divide es como si una de las cuentas fuera arrancada, haciendo más pequeño el telomero (ver cuadro).1 Cuando las cuentas se acaban no puede haber más división celular. De ahí en adelante, las células que se agotan no son reemplazadas. Así que, aunque se evite cualquier accidente fatal o enfermedad, eventualmente se sucumbirá ante la falla de uno o más órganos.

La maquinaria por la que se dividen las células es controlada por las instrucciones escritas en el ADN, el código genético. Así que se puede ver que hay un límite genético pre-programado, aunque no es lo único que se relaciona con el envejecimiento, que forma gran parte de la historia. En resumen, no hay una razón biológica conocida para suponer que si el límite genético estuviera dispuesto en un punto diferente, las edades de 900 años o más seran factibles.

Pero hay razón para pensar que existe una gran variación en este "límite máximo" genético. Ya hemos visto que la simple re-mezcla de frecuencias de genes a través de la crianza selectiva en moscas de las frutas puede incrementar drásticamente su periodo de vida.

La pregunta verdadera no es entonces, ¿por qué ellos vivieron tanto?, sino, ¿por qué nosotros ya no vivimos tanto?

Mirando la caída de los periodos de vida después del diluvio, es natural pensar que se debe relacionar con el cambio drástico que sufrió el mundo. Evidencia del registro fósil sugiere que los niveles de dióxido de carbono (quizás también de oxígeno) eran mayores en el mundo pre-diluviano. Muchos han sugerido que un pabellón atmosférico de vapor de agua cubría al mundo pre-diluviano de la radiación cósmica. Sin embargo, sea esto así o no, hay una pequeña evidencia de que el envejecimiento es substancialmente influenciado por cualquiera de estos factores.

La idea de que el medio ambiente se hizo más tóxico después del diluvio hasta el punto de acortar nuestros periodos de vida casi ocho siglos, hasta un noveno de lo que eran, choca en un punto importante. Noé ya tenía 600 años cuando salió del arca. Pero éste supuesto ambiente hostil no hizo que muriera en unas cuantas décadas. En cambio, vivió otros 350 años, más que su ancestro Adán.

No sabemos si los factores ambientales quizás sólo causaron problemas en la fase de desarrollo de la vida humana. Sin embargo, una explicación simple de por qué Noé siguió viviendo durante tanto tiempo es que su diseño genético le dio el potencial para vivir tanto. Y que quizás la mayoría, sino todas, las personas antes del diluvio estaban programadas para periodos de vida más largos que los de nosotros.

¿Qué pasó entonces? Recuerde que toda la población se redujo a unos cuantos. Hay maneras bien conocidas en que formas de genes (conocidos como alelos), que podrían incluir cualquier codificación para periodos de vida más largos, pueden ser eliminados de una población que ha pasado por tal «embudo» — a ocho personas (ver cuadro).2

Otros factores

Si la pérdida genética fue la razón para el declive en el periodo de vida, pudo no ser la única. Mutaciones dañinas acumulándose a niveles más altos pudo jugar una parte. Algunas de estas mutaciones pudieron haber causado una pérdida en el tamaño del telomero, por ejemplo. Después del diluvio, la variedad de plantas disponibles para la alimentación se redujo drásticamente, lo que quizás fue una de las razones para que Dios le permitiera al hombre comer carne en cierto punto. De todas formas, ni el más entusiasta sugeriría que por simplemente cambiar nuestra dieta, podríamos vivir 950 años hoy. Tal vez estos otros factores son la razón para el continuo declive durante siglos. Isaac vivió 180, Moisés 120, el Rey David sólo 71 años. Interesantemente, hoy vemos un aumento de los periodos de vida debido a factores ambientales. Pero pienso que para vivir tanto como nuestro ancestro Noé, necesitaríamos algunos de sus factores genéticos.

Por supuesto, la principal razón para el envejecimiento y la muerte es la maldición de toda la creación registrada en Génesis capítulo 3. A Adán se le dijo que si desobedecía a Dios, «muriendo, morirás» [literal del Hebreo]. Adán murió espiritualmente de inmediato y comenzó a morir físicamente desde ese día, tal como todos estamos muriendo hoy.

La investigación genética moderna muestra que todos heredamos la inevitabilidad de envejecer y morir. Cuando miramos nuestras entrometidas arrugas en el espejo, deberíamos recordar lo desagradable que es el pecado ante un Dios santo. Y nos debería causar una inmensa gratitud por su propio juicio sobre el pecado, a través de su Hijo, el Señor Jesucristo.

Viviendo más allá de tus medios

Hace 30 años, un abogado de edad media en Francia hizo un trato con una cliente que estaba en sus 90. El caso es el siguiente. Él obtuvo la propiedad del apartamento de su cliente como pago por un atractivo estipendio mensual. Ella podía vivir en él gratis toda su vida. Parecía que el abogado ganaba por todos los lados: debido a la avanzada edad de la señora él iba a terminar haciendo una compra muy barata y ella iba a vivir el resto de su pobre existencia con un ingreso muy alto.

Para el infortunio del abogado, su cliente, Jeanne Calment, estaba destinada a ser la persona que más ha vivido en la historia moderna (mostrada aquí en su cumpleaños 120). Ella murió en 1997 (con todas sus facultades intactas) a la edad de 122 años, 164 días. Su abogado murió de viejo muchos años antes que ella. Él (y su estado) terminaron pagándole a ella el precio del apartamento varias veces por encima.

Dos investigadores franceses rastrearon recientemente la genealogía de Calment cinco generaciones atrás en ambos lados. Cada uno de sus ancestros había vivido un promedio considerable de 10.5 años más que la edad justa en que murió la gente de la misma región. Ellos concluyeron que ni la forma de vida ni la alimentación tuvo influencia en su avanzada edad, pero en cambio una rara constelación de genes de longevidad se debieron concentrar en un solo individuo. Obviamente, ella también evitó cualquier infortunio que le hubiera causado la muerte antes.

Esto es consistente con nuestra tesis aquí -que hay factores genéticos de longevidad. La disponibilidad de una gran cantidad de estos en nuestros ancestros pre-diluvianos podría explicar sus largos periodos de vida, mientras que la pérdida de algunos explicaría la subsiguiente caída.


Chromosome

El conteo regresivo hacia la muerte

El «gorrito» al final de cada cromosoma (llamado telomero) es, como los extremos cubiertos de los cordones de los zapatos, necesario para prevenir el quiebre de las puntas. El telomero se reduce con cada división celular — una vez se alcanza el límite, la célula no se puede dividir. Esta es, tal vez, sólo una de las formas en que nuestros limitados periodos de vida están programados en nosotros. No hay una razón biológica para que la gente viviera más en el presente, si tuvieran la estructura genética apropiada.

Se sabe de células que se pueden dividir para siempre — las células de cáncer. Estas parecen no tener el «interruptor» que le dice a las células cuando no dividirse más, así que se siguen autocopiando. Es por esto que los laboratorios médicos, que necesitan líneas de células en su trabajo pueden ser suplidas con células provenientes de una desafortunada persona con cáncer. (Llamadas células HeLa, por Henrietta Lacks, la señora que portaba el cáncer). La línea de la célula HeLa es efectivamente «inmortal» (a no ser que todas fueran destruidas).

Recientemente, resultados de laboratorio basados en una enzima3 involucrada en la replicación del telomero han causado emoción. Líneas de células humanas modificadas se han dividido muchas veces pasado el límite. Algunos especulan que tales modificaciones podrían hacer que la gente viva más, si no sucumben en un accidente mientras tanto. El envejecimiento es seguramente más complejo que estas discusiones simplificadas, basadas en descubrimientos preliminares. Pero la evidencia actual demuestra que la genética juega un papel importante.

Referencias y notas

  1. Simplificado por el espacio — hay una fluctuación en el tamaño, con un empequeñecimiento de la red. En las células cerebrales, el telomero no se acorta. Regresar al texto.
  2. Esto asume que hubo variación en los periodos de vida antes del diluvio, con algunos programados para vivir máximo 400 o 500 años. Por lo que los hijos de Noé no vivieron tanto.Regresar al texto.
  3. Esta enzima, llamada telomeraza, fue descubierta en 1980 por quién ganó el premio Australia 1998, Prof. Elizabeth Blackburn. Sin la telomeraza, las células no podrían copiar su «gorro». Regresar al texto.

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