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La vida: un regalo de Dios

por
traducido por Sally Lee Arias

No daré ninguna medicina mortal a nadie si se me preguntara, ni sugeriré tal consejo; y de la misma manera no le daré a una mujer un pesario para producir aborto…” Juramento Hipocrático1

Estas palabras, escritas aproximadamente cuatro siglos antes de Cristo, todavía tienen una inmensa relevancia hoy en día. Su autor era Hipócrates, filósofo y doctor en la antigua Grecia; y quien a menudo es todavía considerado el “padre de la medicina”. El “juramento” de Hipócrates resumía la idea prevalente en la filosofía griega, de que el suicidio era un mal social a la par con la matanza de otro ser humano; y el juramento por primera vez lo puso en un código de práctica para los doctores.

Los estudiantes de medicina en muchos países occidentales todavía deben seguir el “Juramento Hipocrático”. Sin embargo, la frase contra el aborto, por lo menos en mi patria, Australia, ha recibido la decisión (trágicamente) de ser removida; y esto es un reflejo de la secularización de nuestra cultura evolucionista. La medicina moderna ha abandonado en forma casi total, el principio de la inviolabilidad de la vida humana que Hipócrates pronunció, y el que proclamó Génesis, que el hombre fue hecho a la imagen de Dios. Vemos ahora que mucha gente considera el aborto solo como una “decisión frente al embarazo”, en lugar de verlo como la destrucción de otro ser humano. Tratamientos médicos son retirados de pacientes según el criterio de no tener una “calidad de vida”, en lugar de considerar que el tratamiento podría mejorar la salud de la persona o preservar su vida hasta su fin natural.

La creencia de que hemos evolucionado de criaturas más simples se utiliza frecuentemente para justificar el rechazo de Dios como Creador, y por ende, Su autoridad y Su ley. Sin Dios, la vida no tiene propósito. Las incapacidades, el sufrimiento y las etapas terminales de la vida se ven como cosas sin sentido. Esta es una causa principal de la “Cultura de la muerte” que está afectando al mundo occidental en las áreas de la medicina y cuidado médico, donde las vidas de las personas dependen de otros.

La creciente aceptación de la eutanasia es parte del cambio de mentalidad referente a la “cultura de la muerte”. Hace poco, el mundo observó como un tribunal de los Estados Unidos decretó que una persona discapacitada, Terri Schiavo, debía morir negándosele el alimento e hidratación. ¿Cómo puede ocurrir que una persona inocente fuera dada de muerte deliberadamente de esta manera? (Recordemos que esto no es lo mismo que apagar complicadas máquinas: toda persona moriría si le fuera negada agua o comida. Entonces en este caso, estamos hablando de una matanza premeditada de una persona inocente, o sea, el homicidio según su definición).

La verdad es que la gente ha perdido el sentido de lo que significa el ser humano. La vida, en lugar de verse como un precioso regalo, es evaluada según “su calidad”. Una persona, mientras que sea joven, activa, y productiva, tiene una “calidad de vida” alta; pero cuando esta misma persona se envejece, se discapacita, o depende de otros, su vida puede ser juzgada como sin valor para seguir viviendo o recibir protección. Si una persona no tiene la posibilidad de recuperarse, sus incapacidades o la necesidad de depender de otros llegan a ser las razones para terminar su vida.

Un eco de este sentimiento se encontró en la película popular de Clint Eastwood, Million Dollar Baby (Bebé de un millón de dólares). El personaje principal, una boxeadora, empieza con mucha fuerza y éxito, pero termina sufriendo de un daño en la médula espinal superior, lo cual le deja discapacitada, dependiendo de un ventilador, e inmóvil en sus extremidades. Para ella, la pérdida de sus habilidades es demasiado abrumadora, y busca la muerte. Le apagan su ventilador, acción que Hollywood presenta como un acto de compasión. (Es interesante notar que el Tercer Reich usaba películas similares para promover la aceptación de la eutanasia antes de empezar la exterminación de los incapacitados e impedidos mentales en Alemania bajo los Nazis)2. Lejos de demostrar compasión, los cuidadores sencillamente escogieron la salida más fácil. En lugar de apoyar a esa persona en su enfermedad y ayudarle a aceptar las circunstancias de su vida (como el apoyo positivo que recibió la autora cristiana Joni Eareckson Tada), los que la rodeaban a la boxeadora se unieron para matarle. Semejante acto rechazó el aspecto esencial de que su vida no era la suya propia para quitarla. Ella, siendo hecha a la imagen de Dios, no tenía el derecho de destruir su propia vida, o permitir que otros lo hicieran, no importa cómo era su situación.

La historia de Job en la Biblia cuenta cómo él rehusó el consejo que le fue dado por su esposa: “Maldice a Dios y muérete” (Job 2:9). Job temía a Dios, y entendía que sólo Él tiene la autoridad para dar y quitar la vida. Aun si todo el gozo de la vida fuera quitado, como ocurrió en el caso de Job, no es justificable que uno tome su propia vida. Aun en el sufrimiento más profundo, la imagen de Dios persiste, y la vida en sí sigue siendo algo bueno, digno de ser protegido y sostenido. También vale mencionar que en aisladas ocasiones, personas se han recuperado de situaciones que los médicos clasificaban como “sin esperanza”.

Cuando los tribunales o individuos lleguen a ser los árbitros de la vida o la muerte, tal poder en manos de hombres (con muy mala reputación por desaciertos), permite el peligro de abusos, equivocaciones y prejuicios.

La iglesia cristiana, ni tampoco la sociedad en general, jamás debe aceptar la mentira de que la eutanasia represente “una muerte buena” (como implica la etimología de la palabra3). La eutanasia, en su sentido verdadero, representa un profundo rechazo hacia el don de la vida, y a su vez, hacia el mismo Dador de la vida. En su lugar, se debe reconocer que el hombre, hecho a la imagen de Dios, tiene un valor intrínseco y una dignidad, desde su concepción hasta el momento de su muerte natural.

La disminución del respeto hacia la vida, en la cultura occidental, es un síntoma adicional de que hay un cambio monumental desde la cosmovisión bíblica hacia la cosmovisión que se basa sobre el humanismo evolucionista.

Referencias y notas

  1. As translated by Ludwig Edelstein. Regresar al texto.
  2. Burleigh, M., Death and Deliverance, Cambridge University Press, New York, USA, p. 210, 1994. Regresar al texto.
  3. From the Greek eu = good or easy, and thanatos = death. Regresar al texto.